El sistema gasista español vuelve a situarse en el centro del debate energético. Con más de 110.000 kilómetros de tuberías y un historial impecable incluso en los momentos más críticos, el sector reclama que se reconozca su papel estratégico en un país que avanza hacia la descarbonización, pero que sigue necesitando infraestructuras robustas para garantizar el suministro.
Una infraestructura que responde cuando más se la necesita
Durante el gran apagón, las olas de frío y episodios extremos como Filomena, el sistema gasista mantuvo una disponibilidad del 100%, según Enagás. Su capacidad para sostener tanto el consumo térmico como la generación eléctrica mediante ciclos combinados lo convierte en un pilar esencial de la seguridad energética.
La red española no solo abastece a hogares e industrias: también actúa como respaldo inmediato del sistema eléctrico, aportando flexibilidad cuando la producción renovable no es suficiente.
Picos de demanda que exigen una red preparada
Aunque el consumo medio de gas se ha mantenido estable en la última década, los picos de demanda han crecido de forma notable. Algunos datos ilustran el reto:
- Las puntas diarias aumentaron un 7% entre 2019 y 2024.
- En 2025, la demanda total subió un 6,3%, impulsada por un incremento del 33,4% en el uso del gas para generar electricidad.
- El consumo doméstico y del sector servicios creció un 8,1% por las bajas temperaturas.
- El consumo térmico puede multiplicarse por 17 entre verano e invierno.
Para el sector, la conclusión es clara: las redes deben dimensionarse para los máximos, no para la media.
Naturgy, Enagás y el sector piden estabilidad regulatoria
Las redes de distribución —96.000 km, con Naturgy como operador principal— y la red de transporte —12.000 km gestionados por Enagás— reclaman un marco regulatorio que reconozca su valor estructural.
El próximo periodo regulatorio (2027-2032) será decisivo. La CNMC definirá la retribución que recibirán estas infraestructuras, y el sector pide:
- Un esquema estable y predecible.
- Una rentabilidad razonable que permita mantener y modernizar la red.
- Incentivos para integrar biometano e hidrógeno verde.
- Mecanismos que reconozcan el papel del gas como soporte del sistema eléctrico.
- Extender la vida útil regulatoria de activos ya amortizados pero necesarios.
- En el periodo actual, la retribución ha caído más de 2.100 millones, un recorte que las compañías consideran incompatible con las necesidades reales del sistema.
Una red que también será clave en la transición energética
El informe de Deloitte para la Fundación Naturgy destaca tres prioridades para el futuro inmediato:
- Mantener la capilaridad de la red.
- Impulsar su digitalización.
- Prepararla para la entrada masiva de gases renovables.
El biometano ya está creciendo en España, y el hidrógeno verde será el siguiente paso. Ambos requieren una red robusta, flexible y bien mantenida.
Impacto para hogares y empresas
Para consumidores y negocios, una red gasista sólida significa:
- Mayor seguridad energética.
- Menos riesgo de interrupciones.
- Un sistema eléctrico más estable.
- Una transición energética más ordenada.
La red de gas no es un vestigio del pasado: es una infraestructura que sostiene el presente y que será clave en el futuro energético de España.